La importancia de los detalles

 

Hoy me gustaria profundizar un poco en la necesidad de trabajar en los detalles cuando formamos jugadores de baloncesto. Como apuntaba en la entrada de este Blog titulada Enseñando baloncesto – La caja de LEGO, es fundamental dedicar tiempo de calidad a la enseñanza de los fundamentos. Nuestro objetivo como formadores debería ser dotar a nuestros jugadores de los mejores fundamentos posibles, de manera que en el futuro, en categorias superiores y a edad más avanzada, sean capaces de desarrollar otros aspectos del juego, más orientado al conjunto, de manera efectiva y eficiente. Un jugador sin unos fundamentos sólidos sufrirá  situaciones de bloqueo y frustraciones que le impedirán disfrutar del juego.

Trabajando la precisión

El baloncesto exige un alto grado de precisión en algunos de los más importantes fundamentos técnicos, como son el tiro y el pase.

De forma simple podemos definir la precisión como:

“Dado un blanco y un objeto, lanzar éste último lo más cercano al blanco que nos sea posible.”

Trasladado a nuestro deporte quiere decir que cuanto más cerca llegue el balón del blanco elegido, más preciso será nuestro lanzamiento.

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Vamos a necesitar por tanto siempre un blanco y el objeto a lanzar, en nuestro caso siempre el balón de baloncesto. Sin entrar en el detalle de la enseñanza del gesto técnico en sí, tendríamos:

Trabajo de la precisión en el tiro

En el caso del tiro tenemos varias opciones, que grosso modo podemos agrupar en dos:

Tiro a tabla: Tanto si es un tiro en suspensión como una bandeja, el blanco u objetivo es la esquina superior del cuadro pequeño del tablero más cercana al lanzador. En el caso del tiro en suspensión es conveniente, además, que el balón dé en la esquina cuando se encuentra en trayectoria descendente.

Tiro a aro: Nuestro blanco será en este caso el centro del aro o la parte posterior del mismo.

Trabajo de la precisión en el pase

En el caso del pase se añade una complicación. En el caso del tiro teníamos un blanco estático (el tablero o el aro) mientras que en el pase el blanco es móvil, y de hecho y muy a menudo algo muy dificil de concretar. Aquí es donde interviene la ayuda del jugador que va a recibir el balón, mostrando la mano que va a recibir el balón como “blanco” al que el pasador puede apuntar. De esta manera se simplifica al pasador conseguir un pase preciso.

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Modo de trabajo

Como resumen, para conseguir un alto nivel de precisión hace falta:

  1. Una correcta ejecución técnica. El entrenador es el responsable de enseñar y corregir la ejecución técnica hasta que el jugador la domina, explicando los detalles tanto como sea necesario y hacerlo por fases, en caso de que el movimiento sea complejo.
  2. Repeticiones. Una vez que el jugador es capaz de ejecutar correctamente el gesto técnico, debe realizar muchas repeticiones hasta que lo domina.
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Asimilando conceptos

A medida que va transcurriendo la temporada (hablaremos del concepto de Planificación más adelante) querremos comprobar si nuestros jugadores han asimilado correctamente los conceptos que hemos estado trabajando. La forma de hacerlo puede ser muy variada: puntuación durante un ejercicio, test de habilidades (exámen), sistema de bonus-malus,…

Sin embargo si nos tomamos algo de tiempo para observarlo con detenimiento, veremos muchas situaciones en las que el jugador conoce y es capaz de ejecutar el gesto técnico en el entrenamiento, en el test o en cualquier otro sistema que hayamos montado, pero no es capaz de hacerlo durante el partido. Por mucho que insistamos el niño se bloquea y todo aquello que hace a la perfección durante los entrenamientos y partidillos de entrenamiento “no le sale” durante los partidos oficiales. ¿Qué podemos hacer para conseguir que nuestros jugadores utilicen con soltura lo que van aprendiendo durante los entrenamientos?

Asimilo lo que me es útil

Hay un concepto muy sencillo que a veces no conseguimos entender adecuadamente. El jugador asimila con mucha mayor facilidad aquello que percibe como una ayuda para conseguir “su premio” (aceptación por parte de sus compañeros, aplausos del público,  felicitaciones de su entrenador, puntos conseguidos) que algo que le es meramente impuesto por su entrenador, algo que se ve en la obligación de hacer, pero que no le resulta útil. Cuando el niño cambia de entrenador, si el siguiente no tiene la misma idea de lo que el niño debe saber hacer, el concepto que al niño le fue impuesto se olvida, dado que no tiene ningún motivo, ni positivo ni negativo, que le empuje a asimilarlo e interiorizarlo.

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Resumiendo: Si el jugador ve que lo que le han enseñado es útil lo seguirá utilizando y lo asimilará. Si no es así, por mucho que insistamos, será muy difícil que lo interiorice.

 Un ejemplo

Tomemos como ejemplo las entradas a canasta con la “mano mala”. Si el jugador ve que con la mano hábil consigue encestar, aunque esté en en lado contrario, y no le resulta tan sencillo hacerlo con la otra mano (izquierda en el lado izquierdo para diestros; derecha en lado derecho para zurdos), tenderá a seguir usando la mano hábil aunque esté entrando por el lado contrario.

¿Cómo lo gestionamos?

Ahí va una frase lapidaria: Los niños son simples…y el baloncesto también lo es.

Tenemos 2 situaciones a manejar:

  • El niño entra a canasta con la mano contraria y consigue encestar. Esto no es necesariamente malo (el objetivo del juego sigue siendo meter al menos 1 punto más que el contrario), pero se puede hacer mejor. No es la mejor opción.
  • El niño entra a canasta usando la mano correcta pero no consigue encestar.

El jugador tiende a elegir la primera opción, ya que su objetivo es conseguir canasta. Todo el mundo aplaude cuando el jugador mete una canasta, independientemente de si el gesto técnico ha sido el correcto o no. Dado que nuestro objetivo es conseguir que el niño lo haga correctamente, aquí van unos cuantos consejos para mejorar el resultado:

  1. Dale mucho valor, anima, aplaude, premia al jugador que hace correctamente el gesto técnico, aunque no consiga canasta.
  2. Usa la técnica del sándwich* cuando lo haga incorrectamente, aunque consiga canasta.
  3. Habla con los padres del equipo y comparte con ellos la forma de valorar. Si no son entendidos del baloncesto, pueden utilizar al entrenador como guía para saber cuándo aplaudir a los niños.

Si conseguimos que el jugador reciba un refuerzo positivo cuando realiza un gesto técnico correcto habremos logrado que asimile mucho mejor todo lo que trabajamos en los entrenamientos.

*Nota: La técnica del sándwich consiste en “emparedar” una corrección (un reproche) entre dos refuerzos positivos. Por ejemplo, en una entrada donde el jugador ha marcado correctamente los pasos, ha conseguido canasta pero no ha tirado con la mano correcta, la corrección la haríamos de la siguiente manera: “Has hecho muy bien los pasos, pero tendrías que haber tirado con la mano correcta, aunque hemos terminado bien consiguiendo canasta. Piensa para la próxima vez en lanzar con la mano correcta y será perfecto”

Enseñando baloncesto – La caja de LEGO

Durante los últimos 8 años apenas he ejercido de entrenador de baloncesto, algunos momentos con mi hijo, que el año pasado ha empezado a jugar en Federado, y alguna otra breve incursión.

Al volver durante la presente temporada, y viendo jugar a muchos equipos de la categoría Mini-Basket, me han sorprendido 2 cosas:

  1. El nivel de competitividad y exigencia física, donde lo que priman son los resultados deportivos y la forma de conseguirlos: uso de sistemas (simples) de juego, defensas individuales en todo campo con situaciones constantes de 2×1 y 3×1, etc.
  2. El bajo nivel técnico de la mayoría de los jugadores, con graves carencias de fundamentos básicos: uso de las dos manos, bote sin mirar al balón, mecánica de tiro, pase y bote.

Sucede que el trabajo realizado en general, primando el resultado deportivo sobre la formación integral del niño, lleva a buscar atajos con el punto de mira en resultados a corto plazo. No le damos importancia a si el niño ha hecho un gesto técnico correctamente, siempre que “meta canasta”.  No importa si el niño no sabe hacer una finta de recepción, porque para eso ya hemos diseñado una jugada para que quede libre y enceste.

Atajos.

Siempre he pensado que, para que un jugador de baloncesto se desarrolle y llegue a su máximo potencial, debe disponer de unos fundamentos técnicos muy depurados. Un jugador con buen físico tenderá a destacar a edades tempranas, pero con el paso de los años dejará de hacerlo. Un jugador con una depurada técnica individual siempre podrá destacar o al menos competir, incluso contra jugadores con unas condiciones físicas superiores.

Conseguirlo no es fácil, ya que precisa de 3 aspectos básicos:

  1. Enormes dosis de paciencia. El resultado se ve a largo plazo, a veces ni siquiera dentro de la misma temporada.
  2. Constancia. El niño busca tener un resultado que le haga sentir bien (jugar mejor, ser más competitivo, meter más canastas), y muchas veces nos encontraremos con situaciones donde no sea tan sencillo relacionar el trabajo diario de los entrenamientos con esos objetivos.
  3. Un conocimiento muy exhaustivo de la técnica individual, pudiendo mostrar a los jugadores ejemplos de cómo deben realizarse los gestos técnicos y los pasos necesarios para conseguir, desde el punto de partida, el resultado final esperado.

La paradoja de la caja de LEGO®

Imagino que todos vosotros habéis tenido que montar alguna vez una figura de LEGO® o similar como la de la imagen inferior

 

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La caja lleva una imagen de la figura completamente montada, y en su interior aparecen en diversas bolsas las piezas para construirlo y un papel enorme con instrucciones detalladas, paso a paso, de cómo hay que hacerlo para obtener el resultado correcto.

Quienes hayáis intentado montar una de estas figuras sabréis de la complejidad de hacerlo sin disponer de las instrucciones. Y ahí está la clave de este asunto.

Cuando enseñamos técnica individual a nuestros jugadores lo hacemos como si les entregásemos la caja de LEGO, con la imagen y las bolsas con las piezas, pero sin darles la hoja con las instrucciones.

Pensad por ejemplo en la enseñanza de una entrada a canasta. Normalmente hacemos algunas nosotros mismos como ejemplo (le enseñamos la imagen a los jugadores) y entregamos a los niños las piezas (el propio niño, un balón y una canasta), y con eso (y sólo con eso) pretendemos que lo hagan correctamente. Está claro que algo falla, ya que con esa información los niños pueden hacer algo parecido a una entrada, pero no serán capaces de hacer una entrada correctamente. Es lo mismo que intentar montar la figura del Halcón Milenario sin las instrucciones. Podremos como máximo conseguir algo parecido, pero no el correcto (y además nos sobrarán piezas).

Pensaréis que, pasado el tiempo, los niños son capaces de hacer la entrada (o cualquier otro gesto técnico) bastante bien, pero si lo analizamos con detenimiento nos daremos cuenta de que pasa mucho tiempo hasta que eso sucede, y probablemente habrá algún aspecto (o varios) que el niño no haga correctamente.

Imaginad ahora que al enseñar a los niños lo hacemos como si siguiéramos una hoja de instrucciones, paso a paso, construyendo desde cero y sin prisa, corrigiendo cada aspecto técnico. ¡Sorpresa! El resultado final no sólo es mucho mejor sino que, sorprendentemente, necesitamos menos tiempo para obtener un mejor resultado.

No penséis de todos modos que una buena técnica individual se aprende de un día para otro. Como decía antes hace falta paciencia, constancia y un conocimiento profundo de los aspectos de cada fundamento, de forma que seamos capaces de explicárselos a los jugadores a un ritmo que ellos sean capaces de asimilarlos. El resto es repetir cada gesto muchas veces hasta que el jugador lo asimile y sea capaz de hacerlo de manera natural y sin tener que “pensar” paso a paso.